Fotografía marina duotono de 5h2o. Bahía de Sydney desde barandilla de ferry con puente “The Coathanger” al fondo. Nueva Gales del Sur, Australia, Oceanía.

Un paseo por Sydney

Publicado el 9 de octubre de 2015 en Paseos

 

De donde viene y por donde anda

Sídney es hoy la ciudad moderna más antigua y poblada del continente, con más de 4 MILLONES de habitantes.
Los pobladores originarios del área, como del resto de Australia, fueron las tribus aborígenes que se piensa llegaron del sureste de Asia hace por lo menos 40 MIL años. Hay quienes cifran sus orígenes en 60 MIL. Es por ello que a la cultura aborigen australiana se le considera la cultura viva más antigua del planeta.
O lo que queda de ella.Ilustración de 5h2o. Mapa de Australia con indicación de regiones y localización destacada de Sydney. Oceanía.
En 1788 un grupo de 11 barcos que transportaban prisioneros británicos, conocidos como La Primera Flota, desembarcaron en Botany Bay (la bahía situada al sur), donde hoy se encuentra el aeropuerto internacional de Sídney. Los colonizadores (o invasores, según se mire) se desplazaron hacia el norte y se establecieron en Sydney Cove, alrededor de la cual florecería esta ciudad a orillas de la Bahía Jackson.
Fue Lord Sydney, ministro del interior británico, quien planeó crear la nueva colonia penal en la costa de Australia. Y fue el oficial de la marina británica Arthur Phillips quien condujo hasta aquí ese primer convoy de prisioneros, y quien fuera nombrado primer gobernador de Nueva Gales del Sur. Por lo que esta tierra fue transformada en una remota colonia británica con fines carcelarios. Para 1857 más de 160 MIL reclusos, en general sin delitos de sangre, habían sido enviados a Australia.
A finales del siglo XVIII llegaron gran cantidad de militares, los llamados “mercaderes del ron”, que se establecieron como los auténticos gobernantes de la colonia, llegando a convertir a este licor en una forma de pago muy habitual. En 1808 el gobernador William Bligh prohibió dicha práctica, lo que provocó la llamada “Rebelión del ron”. El exitoso golpe de Estado fue emprendido por los conocidos como el Cuerpo de Nueva Gales del Sur (cabecillas del comercio de ron) que consiguieron así derrocar al gobernador Bligh.
Posteriores consejos de guerra, degradaciones y juicios a parte, la larga lucha por el poder entre empresarios públicos y privados terminaría saldándose a favor de una ciudad comercial y en contra de seguir manteniendo a Nueva Gales del Sur como una prisión a cielo abierto dirigida por militares.
O eso parece.
Pocas décadas después, mercaderes estadounidenses abrirían compañías en Australia.
Y finalmente, el siglo XX trajo a Sídney el desarrollo económico y urbanístico que la define en la actualidad. La segunda guerra mundial iniciaría una afluencia masiva de inmigrantes procedentes de todo el planeta que sigue vigente en gran medida a día de hoy.
   

El corazón de Sídney se debate entre el Centro Financiero y la Casa de la Ópera

Todos los paseos comienzan y/o terminan en Circular Quay. Situada a orillas de la cala donde naciera la ciudad, es la mayor terminal de autobuses, trenes y ferrys de Australia. Un puerto cuadrangular del que parten y regresan continuamente embarcaciones que navegan la hermosísima bahía a la que esta cosmopolita ciudad se asoma constantemente.
 

Fotografía marina de 5h2o.- Edificio del teatro Casa de la Ópera de Sydney. Nueva Gales del Sur, Australia, Oceanía.

 

El imponente edificio cultural de la Ópera

Se ubica en un lugar privilegiado. Vigila todas las entradas y salidas del puerto, siendo obligado pasar por su orilla.
Para Jorn Utzon, el arquitecto danés que ideó el edificio e inició su construcción en 1959, el proyecto era ideal en primer lugar porque “había un sitio precioso con una buena vista”.

La ondulada cubierta se me antoja una prolongación del mar en la tierra. Unas olas de cemento cubiertas de cerámica vidriosa y pálida. Una mar petrificada, impasible testigo de todo lo que allí llega, y de todo lo que allí sale.

El proceso de construcción fue largo y no estuvo exento de problemas de todo tipo. Incluyendo la dimisión de Utzon en 1966. Juró que jamás regresaría, y no estuvo en la inauguración oficial de 1973.
La mayor complejidad técnica se centró en el diseño de las bóvedas. De 1957 a 1963 se barajaron por lo menos doce diferentes interacciones en la forma de las cáscaras. El trabajo implicó una de las aplicaciones más tempranas de las computadoras en el análisis estructural y el sistema de fuerzas que recibirían tales piezas. A mediados de 1961 se dio con una solución más económica que las de partida, creando todas las cáscaras como secciones de una esfera, y que finalmente fue ésta la que se implantó.
La seña de identidad de esta hermosa estructura es la línea curva y el vidrio.

 
Fotografía marina de 5h2o. Puente de acero llamado The Coathanger, sobre la bahía de Sydney con cielo nuboso y estelas en el mar. Nueva Gales del Sur, Australia, Oceanía.

Y desde lo alto, el emblemático puente metálico que cruza la bahía. Con una longitud total de más de 1 km. se erige como el mejor palco de este teatro sobre el mar.
Esta estructura de acero, llamada cariñosamente “The Coathanger” (El Perchero), se eleva hasta los 134 metros en su punto más alto.

 
06-dic-1964

 

Un lugar mágico

La Casa de la Ópera se levantó sobre una isla de marea que las tribus indígenas Eora (habitantes de la bahía) llamaban Tubowghule. A penas la conformaban unas rocas con una pequeña playa en el lado occidental.
En la actualidad ya no es una isla que se une y se separa del continente cuando la marea sube o baja. A comienzos del siglo XIX la zona inundable fue rellenada con rocas, y toda el área fue elevada para poder construir el Fuerte Macquarie.
Según antiguas crónicas, aquél lugar era donde las mujeres aborígenes dejaban las conchas de las almejas. Una costumbre que debió durar siglos, pues cuando llegaron los colonos la acumulación de conchas había formado una pila importante, por lo que se decidió aprovecharlas para hacer cemento. Y con este fin las molieron las mujeres prisioneras.
Arthur Phillip, a las órdenes del rey Jorge III, en noviembre de 1789 decidió capturar a un hombre de la etnia de los Eora llamado Arabanoo, para ponerlo a su servicio. La historia de la relación entre estos dos hombres tiene distintas versiones, pero lo que parece cierto es que el siervo aborigen trabajó como interlocutor de los ingleses con las poblaciones indígenas. Se le llamó Bennelong y vivió en un cobertizo en aquél mismo lugar. De ahí que hoy día a la pequeña península donde se sitúa la Casa de la Ópera se le llame Bennelong point.
 
Fotografía defragmentada de 5h2o. Imagen fragmentada en cuadrados de la cúpula de cerámica vidriada en fachada y cubiertas del edificio del teatro de la ópera en Sydney. Nueva Gales del Sur, Australia, Oceanía.

Otras crónicas relatan que los habitantes nativos de la bahía usaban este lugar para la ceremonia de iniciación de los muchachos jóvenes, parte de la cual consistía en la cicatrización de su espalda. De ahí el nombre aborigen de Warrang, que significa “las cicatrices en la espalda”, con el que también se conocía a este sitio.

De alguna manera, el lugar ha influido en su propio destino a lo largo de los tiempos.
La Casa de la Ópera no es sino un lugar de representación y ceremonia.
Y su cubierta, una pila de conchas blancas.

 

El centro de una gran urbe del siglo XXI

Eso es ahora Sídney. Una gran urbe. Con todo lo que eso conlleva.
Sus modernos edificios cobijan una humanidad variopinta y cosmopolita que mantiene un pie en tierra y otro en el mar. Un bellísimo mar. Del mismo mar que llegaron invasores, alcohol y desarrollo económico. Por barco. Igual que la invencible plaga de gordas cucarachas que rebrota impenitentemente cada verano. Un problema que hasta la fecha no han conseguido solucionar desde las instituciones.
Pasear por sus calles no resulta muy exótico para un visitante europeo, o para cualquier habitante de la gran ciudad occidental. Nadie diría que estamos en Oriente al primer vistazo.
Ni al segundo tampoco.
Aunque la ciudad también tiene sus bonitos barrios, sus lindas playas, sus rincones, sus miradores y sus pequeñas sorpresas urbanitas.

Adentrándose desde el mar hacia su corazón financiero… Sucursales bancarias, museos, restaurantes, comercios para turistas, grandes almacenes… Hasta me topé con los famosos televisivos del momento a las puertas de un gran centro comercial con su cohorte de fans ruidosos.
No le falta detalle.
Incluso presume de ser escandalosamente cara. La 5ª más cara del mundo según un estudio de 2014.
No hay duda. Es una gran ciudad.
Tal vez con un número de cámaras de vigilancia instaladas en la vía pública sensiblemente mayor. No sé para qué. Total, todo el mundo porta feliz y contento su preciado y personalizado dispositivo de autovigilancia intensiva. Pagado de su propio bolsillo. Y dispuestos a actualizarlo en cualquier momento al precio que sea.
¿Se vigila que todo el mundo se autovigila?
Curioso.

(A no ser que ya hayas encriptado, claro)

También reconocí parte del mobiliario urbano, tan homogéneo en tantas ciudades de occidente. Lo que no esperaba ver en absoluto fue una callecita del centro abarrotada de pequeñas jaulas metálicas colgadas en el aire.
Eso sí: Vacías. Menos mal. Aunque no deja de ser inquietante. Eso fue lo más original.

 

Fotografía urbana de 5h2o. Multitud de jaulas metálicas y cámaras de vigilancia en calle Angel Place de la ciudad de Sydney, Nueva Gales del Sur, Australia, Oceanía.

 

A nivel humano…

De todo lo que pude ver en esta ciudad a nivel humano, lo que más me llamó la atención fue precisamente lo que no vi. Entre paisanos y foráneos, residentes y turistas, había gente de todas las razas. De todas, menos de la étnia nativa del continente. Entre tanta humanidad sólo pude distinguir a un hombre con los rasgos faciales del auténtico aborigen australiano.
Sentado en el suelo, con la cara pintada y a penas vestido con un taparrabos, tocaba un alargado instrumento musical esperando unas monedas a cambio.
Es el conocido Didjeridoo. Yidaki en su lengua nativa. Se construye a partir del tronco de un eucalipto horadado en su parte interna por termitas. Una vez limpio, trabajado y decorado, se hace sonar vibrando los labios en uno de sus extremos. El sonido que produce tiene un marcado y profundo tono grave característico. Ha sido tocado tradicionalmente por hombres de las tierras del extremo norocciental de Australia.
Me acordé de las gitanas que se arremolinan en las cercanías de la catedral de Granada (en España), dispuestas a leerte la mano, ramita de romero en ristre, y con la misma expectativa. Se ganan la vida con los turistas que gustan de estas notas culturales del arte racial local que una vez fuera su verdadero y habitual paisaje.
O eso se piensa.

Puedes tener una escueta aproximación a los pueblos aborígenes australianos en este vídeo de imágenes y texto de Francisco Mundo

Hoy día, los pueblos autóctonos de esta tierra representan menos de un 3% de los más de 23 MILLONES de personas que viven en Australia.
De más de 300 MIL aborígenes, en 1911 (123 años después de los primeros asentamientos ingleses), sólo quedaban unos 30 MIL.
Y sus condiciones de vida son ahora mucho peores que las que tenían antes de que los británicos invadieran sus tierras.

“Los despojamos de sus tierras, destruimos sus cultivos; los sometimos a nuestras leyes que son ajenas a sus costumbres y tradiciones; procuramos que aceptaran nuestros gustos, los cuales les disgustan; los masacramos cuando defendieron a su manera su vida y sus posesiones; y libramos una guerra sin cuartel para que nos reconocieran como el amo.”

Anthony Trollope
Novelista inglés que viajó a Australia a finales del siglo XIX.

 

De todo lo que pude saber de la historia humana de esta parte del planeta, lo que más me impactó fueron las historias de depravado abuso por parte de los invasores británicos.
Los largos dedos de la depredación y el enriquecimiento a toda costa (de los otros) se extendió incluso a los niños. Centenares de explotaciones del campo australiano prosperaron gracias al trabajo de “huérfanos locales” y otros llegados desde el Reino Unido e Irlanda entre 1930 y 1970.
Tarde, muy tarde, pero al menos en 2008, un alto representante del gobierno australiano (el primer ministro Kevin Rudd), pidió perdón públicamente por primera vez en la historia del país por el dolor y el daño causados en el pasado.
Su discurso (Texto completo), retransmitido en directo por televisión, fue recibido con alegría y lágrimas.

 
Pedir perdón les honra. Les honra profundamente. Felicidades.
El perdón se pidió en nombre del Gobierno y del Parlamento del país por las leyes que en su día propiciaron ese dolor. Pero no en nombre de los dueños de las explotaciones que se enriquecieron con estos abusos. Y nadie habló de reparar el daño.
La oposición tuvo el argumento perfecto: “Es correcto que no se ofrezca una indemnización económica a las víctimas porque el dinero no podría compensar el dolor sufrido”.
Esos “huérfanos” eran en realidad niños arrancados de sus familias y abusados en las instituciones oficiales que estuvieron a su cargo. Al robo de niños se le llamó y se le sigue llamando hoy “adopciones forzosas”, y a los pueblos originarios de Australia: “minorías étnicas”.
Noticia 2014 solobasket.com

España, con 150.00 personas en fosas clandestinas, y un número indeterminado de “niños perdidos”, se sitúa a la cabeza del trágico ranking mundial de víctimas de “desaparición forzada”. Y lo peor es que a día de hoy se sigue invirtiendo mucha fuerza en silenciar a quienes intentan sacar a la luz la verdad.
Yo también vivo en un país de niños perdidos. Aunque con alguna diferencia.
No hizo falta que nadie viniera de muy lejos.
Y nadie ha pedido perdón.

 

Las leyes de Mendel no parecen cumplirse aquí.
Aquél horror tuvo sus consecuencias. Algunas muy visibles. Otras, dolorosamente invisibles.
Los abusos a mujeres aborígenes… Tuvieron descendencia.
A nuestra guía se le rompió la voz hablándonos de este drama.
De los muchos niños que fueron arrebatados a madres aborígenes, muchos fueron hijos de hombres de raza blanca. Bajo la escusa de una vida mejor, a muchos nacidos con rasgos europeos se les entregó a familias blancas para criarlos de acuerdo a la cultura occidental.
Las autoridades, consideradas como protectoras, pensaban que se integrarían más rápido.
Y a muchos no les revelarían su procedencia. Por lo que muchos descendientes de esta generación se han llevado una sorpresa al investigar sus raíces.
Todos ellos forman parte de lo que se ha dado en llamar “La Generación Robada”.
Pero lo curioso es que los rasgos aborígenes se van perdiendo con el mestizaje. Se sabía desde los años 30 del siglo pasado que entre la 5ª y la 6ª generación se erradican todas las características nativas de los aborígenes australianos y que con el mestizaje sistematizado se propiciaría la completa desaparición de la raza negra en pro de la progenie blanca.

Sobre esta política de limpieza étnica se rodó la película Rabbit- Proof Fence (“Generación robada” en español) de 2002, basada en el libro autobiográfico de su protagonista. Más información.
Este es un pequeño fragmento:

Aún hoy sigue siendo noticia la separación de niños aborígenes de sus padres, y ya se habla de una segunda generación robada.

 

Finalmente, de todos los encuentros humanos que tuve, queda en mi memoria aquél joven argentino que no pudo resistirse al oír hablar español, y que se acercó para charlar un rato en nuestra lengua común. Así, porque sí.
No es lo mismo conversar sobre sensaciones, experiencias y vida, que sobre sentir, experimentar y vivir. Y eso que nuestro idioma es muy rico en vocabulario para denominar conceptos. En nombres para designar las cosas y en adjetivos para describirlas.
El castellano es un sistema de comunicación que gira en torno al verbo como eje principal. El lenguaje determina la lógica de entendimiento y conforma la manera de pensar. Esto hace que los hispanohablantes comuniquemos y compartamos el mundo de una determinada forma. Lo comprendemos y lo sentimos desde el verbo. Sin a penas pronombres personales. Y sin necesidad de establecer un vínculo de “culpa” entre sujeto, verbo y resultado.
La capacidad de adaptación nos hace creer que se puede prescindir del código materno. Pero demasiado tiempo hace evidente su falta. Pues como el aire, hay que subir a respirar al menos de vez en cuando. Y compartir “hogar”.

 

Fotografía marina duotono de 5h2o. Skyline desde el mar de la ciudad de Sydney, Nueva Gales del Sur, Australia, Oceanía.

Gracias por la experiencia… Y adiós Sídney, adiós…

 

 

Y hablando de comunicarse…

Observando a tanta gente por la calle, absorta con las nuevas tecnologías de comunicación, me pregunto si alguno habrá probado a llamar por teléfono a la persona más importante de su vida.
Nos pasamos la vida conversando. Llamamos y nos llaman.
¿Y si probamos algo distinto?

Llámate por teléfono.
No es un consejo.
Es una posibilidad factible en cualquier instante.
Pon a prueba tu sentido del humor y tómate tu tiempo para hacerlo en serio, con una verdadera pausa interna, y sin olvidar la honestidad.
Puede ser una increíble experiencia de cambio para toda una vida.

Tú… verás.

 

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